Viaje a los Pueblos Blancos en Andalucía, septiembre 2016

  • 28 abril, 2017

Nuevo viaje en colaboración con el Club de Viajes Cajastur, que se desarrolló entre los días 25 de septiembre y 1 de octubre de 2016.

A continuación reproducimos la crónica de Eugenio González Gutiérrez, publicada en la web del Club.

DÍA 25:

Con la ilusión de cualquier viaje, nos preparamos para la visita a Andalucía: Pueblos Blancos. Como siempre, recogida de los asistentes en distintos lugares y, también, como es costumbre, con una puntualidad exquisita en todos, a pesar de los madrugones que, algunos, se han tenido que dar. En Gijón nos recogieron a las siete de la mañana, cuando aún no habían puesto las calles. ¡Me imagino como estaría Avilés! Fuimos treinta y seis los valientes que nos atrevimos.

El autobús de Epifanio, nuevo, sólo tenía dos meses y se notaba porque el conductor no estaba muy ducho con algunos mandos. El aire acondicionado tardó en controlarlo un par de días. Comenzamos con dos conductores hasta la Virgen del Camino, en León, donde se hizo el cambio y quedó Ángel, que sería el que nos acompañaría todo el viaje, excepto un día que tuvo descanso y nos atendió otra compañía. Aquí, aprovecharíamos para recomendarle una actualización de la discografía y de la videoteca.

Después de las paradas de rigor, entre ellas, ¡cómo no!, Villaquejida, llegamos a Aranjuez a las 14 horas, donde estaba prevista la comida, que tuvo lugar en el Restaurante Mercedes y casi sin tiempo para tomar el café, vuelta al autobús con destino a Córdoba, adonde llegamos a las 19,30 horas y nos hospedamos en el Hotel Ciudad de Córdoba, a las afueras, pero muy cerca del Puente Romano y la Torre de Calahorra.

DÍA 26:

Aunque las visitas a realizar estaban cerca del hotel, por ganar tiempo antes y después, nos desplazamos en autobús hasta el centro, concretamente al lado de los Alcázares (cerrado por descanso) y del Puente Romano. Ahí nos encontramos con Miguel, que será nuestro guía, muy didáctico y agradable, en la ciudad.

Aprovechando la situación, nos dice que el Alcázar de los Reyes Católicos, que no pudimos visitar, había tenido varios usos: Tribunal de la Santa Inquisición, Consejo de la Ciudad, Cárcel y Edificio para la Tropa. A principios del S.XX pasó a la ciudad y es utilizado en eventos varios.

El Puente Romano está situado sobre el río Guadalquivir y es conocido también como Puente Viejo. Fue el único puente con el que contó la ciudad durante veinte siglos, hasta la construcción del puente de San Rafael a medidos del s.XX. Se construyó a principios del S.I d.c. y tiene una longitud de 331 metros y está compuesto por dieciséis arcos, aunque originalmente eran diecisiete. Desde los romanos, en uno de sus extremos está la Torre Defensiva de la Calahorra y en el otro extremo la Puerta del Puente, llamada equivocadamente por el pueblo cordobés como Arco del Triunfo, porque era una de las puertas de entrada de la antigua muralla.

Desde el mismo lugar vemos el monumento el Triunfo de San Rafael que se remonta al s. XVII, años en que la ciudad sufre una fuerte epidemia de peste. Según la tradición, San Rafael se apareció en sueños a un clérigo para darle el mensaje de que él salvaría a Córdoba de la epidemia. Como la peste remitió, se nombró a San Rafael, “Custodio Eterno de Córdoba” y por eso son innumerables los monumentos de este arcángel que hay en la ciudad, pagados por particulares y corporaciones.

Atravesamos la Puerta del Puente y, previo reparto de planos por parte de Miguel, nos dirigimos a la Mezquita-Catedral, lugar sagrado durante toda la historia de la ciudad. Aquí estuvo el complejo catedralicio de San Vicente en época visigoda. Sobre su solar construyó el emir Abd Al-Rahman I la primitiva Mezquita (786), que fue ampliada y adornada por los sucesivos gobernadores. Destacan en ella el Mihrab (pared de rezo) y la rica Bóveda del Lucernario. Tenía la Mezquita 1103 columnas, conservándose hoy 856 de las mismas.

Conquistada la ciudad por los cristianos el 30 de junio de 1236, el rey Fernando III el Santo ordena la consagración del templo como Catedral de Santa María. En los s. XV y XVI sufrió importantes reformas por necesidades del culto. Tiene mucho interés la obra de la Capilla Mayor y el Coro. Importante es también el Sagrario, la Capilla de los Salizanes y la del Cardenal Salazar.

Finalizada la visita de la Mezquita-Catedral, nos vamos a callejear, aprovechando el guía para contarnos diversas anécdotas a la vez que nos traslada al Callejón de las Flores, uno de los lugares ideales para unas buenas fotos. Como Miguel promocionaba los productos de la tierra, alguna de las asistentes aprovechó para promocionar la merluza del pincho de Cudillero.

Tres cuartos de hora libres y de vuelta al bus y al hotel para recuperar fuerzas. En este momento empezamos a descubrir la comida preferida de los andaluces: garbanzos guisados con verdura, carne guisada de cerdo con guarnición y natillas. Ese día alguno recuperó pocas fuerzas. Finalizada la comida nos subimos al autobús con rumbo al Puerto de Santa María, nuestra residencia los próximos cuatro días. Llegamos sin mayores dificultades, aunque la calle del Hotel Monasterio de San Miguel, nuestro hospedaje, estaba en obras y el autobús nos dejó a cierta distancia. Haciendo caso del conductor, que luego vimos se había equivocado, hicimos un “tour sinfónico” con las maletas por diversas calles, lo que casi hizo que nos contratasen para próximos conciertos en la localidad.

Día 27:

Esperamos en el hotel la llegada de la que será nuestra guía los próximos tres días en la provincia de Cádiz, Luisa, muy maja y bastante diligente y amena.

Además, por descanso de nuestro conductor, nos recoge un autobús de la compañía Rico-Bus, al volante del cual estaba Belén, que resultó ser una excelente anfitriona y nos hizo pasar un día muy agradable. Salimos a las 9,30, con la puntualidad exquisita de todos los días, en dirección a Jerez de la Frontera. Hicimos un recorrido por la ciudad a la vez que Luisa nos explicaba un sinfín de cosas. Que Jerez era llamada también la ciudad de: el vino, las motos, los caballos y el flamenco.

También es denominada la ciudad de los Cien Palacios (s. XVII y XVIII). Pasamos por la Catedral, la Plaza de la Asunción (de estilo gótico-mudéjar), el Edificio Gallo Azul (Pedro Domecq) y la Plaza del Arenal, que estaba, anteriormente, extramuros y había sido lugar de teatro, toros y futbol. De ahí nos fuimos a la exhibición de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, que pareció gustar a la mayoría.

Finalizada la visita, al autobús y dirección al Puerto de Santa María, donde en el hotel nos iban a dar de comer. Nos pusieron en un comedor muy bonito, pero la comida no fue del agrado de casi nadie, y no tanto por lo repetitivo como por la mala preparación.

De nuevo al autobús y ahora con destino a Cádiz. Atravesamos, para entrar, el famoso Puente de la Pepa, de muy reciente construcción.

Nos deja el autobús en la Playa de la Caleta, en el centro de la ciudad, y a partir de ahí comienza una visita a pie por los lugares de más interés de la capital gaditana: Parque Genovés (Jardín Botánico), Castillos de San Sebastián y Santa Catalina (éstos desde el autobús), Plaza de San Francisco, Plaza de San Antonio (renovada en 1858), Palacio de la Mora (estilo isabelino) Plaza de la Catedral Nueva (1722 – 1838) en la que trabajaron siete arquitectos, y el Arco de la Rosa, que da acceso al barrio del Populo. Mención aparte merece el Monumento a la Constitución de 1812, también conocido como Monumento de las Cortes, fue un proyecto de Modesto López, como arquitecto y de Aniceto Marinas como escultor. Fue realizado en 1912 y contiene alegorías a la Guerra, la Paz, la Agricultura y la Industria, junto con relieves alusivos a la resistencia gaditana durante la Guerra de la Independencia.

DÍA 28:

Salida a las 9,30 horas en dirección a los Pueblos Blancos de la sierra gaditana. Para ello atravesamos el río Guadalete, que nace en la Sierra de Grazalema (que visitaremos) y desemboca en el Puerto de Santa María. Esta ruta la componen 19 municipios, de los cuales catorce pertenecen a la Sierra de Cádiz y los cinco restantes a la provincia de Málaga.

Entramos a través de Arcos de la Frontera, cuya visita dejamos para la vuelta, y tras pasar por Bornos, a orillas de un embalse; Prado del Rey, donde los fenicios explotaban unas salinas, las Salinas de Iptuci, surgidas de un manantial de agua salada; Benamahoma, donde se celebra la fiesta de moros y cristianos más meridional de España. Después de parar en el Mirador del Boyar (1103 m) con una impresionante vista de la Sierra de Grazalema y dejar atrás el Bosque, llegamos a Grazalema, uno de nuestros objetivos que es, según la mayoría de las opiniones, uno de los pueblos blancos más bonitos.

Este pueblo goza de un microclima especial que hace que nieve en invierno y que recoja el índice de lluvias más alto de la península. Aquí se recrea todos los años “Sangre y amor en la Sierra”, ambientada en 1832 y con el bandolero José María “El Tempranilllo” como eje de la recreación. Como curiosidad indicar que, cuando llegamos, estaban preparando todo el pueblo para dicho evento porque se celebraría a la semana siguiente.

Salimos de Grazalema y pasamos cerca de Villaluenga del Rosario, peblo más pequeño y más alto de la provincia. Tiene la plaza más antigua de la provincia (s. XVIII), pero cada vez se le conoce más por su producto estrella, el “Queso Payoyo”, que proviene de un tipo de cabra autóctona de la sierra de Cádiz, la cabra payoya. Dejando atrás Benaocaz, que a través de una calzada romana se une con Ubrique, nuestro destino final para comer. Destaca aquí la marca “piel de Ubrique”, para confeccionar artículos de piel de gran calidad que luego comercializan las mejores marcas del mundo. Tiene un casco histórico muy bonito, que no pudimos visitar por falta de tiempo. Después de la comida, en la Plaza de Toros de Ubrique, visitamos el Museo Taurino de Jesulín, bastante pobre a mi entender, a pesar de los pases que me marqué para toda la concurrencia.

De nuevo al autobús para recuperar Arcos de la Frontera, considerada la puerta de entrada a los Pueblos Blancos y declarada Monumento Histórico-Artístico. Está encaramado en una peña de 96 metros de altura y destaca su Semana Santa y Navidad, fiesta esta última en la que toda el pueblo se transforma en un belén viviente.

Al llegar nos encontramos con que estaban preparando la ferie y el autobús nos dejó justo debajo del arco de entrada al ferial, que ya estaba colocado. Como había una cuesta importante que subir, la gran mayoría lo hicieron en un trenecito turístico y sólo cinco valientes se atrevieron a subir, andando, con la guía. La primera visita es a lo que llaman el “Mirador de España” (muy pretencioso me parece) y que la gente llama Mirador del Coño por las expresiones que se escuchan cuando la gente llega allí. El resto del tiempo un paseo por el bonito pueblo y un poco de tiempo libre. Vuelta al autobús y rumbo al Puerto.

DÍA 29

Salimos, como durante todo el viaje, con una puntualidad inmejorable, a las 9,30 horas, en dirección a los Pueblos Costeros. Dejamos todos atrás y nos dirigimos al que está más alejado: Bolonia, ciudad romana denominada Baelo Claudia que nace a finales del s. II a.C. sobre un asentamiento fenicio y cuya existencia está muy relacionada con el comercio con el norte de África, enlazaba principalmente con la actual Tánger, en Marruecos. Sus principales fuentes de riqueza eran la pesca, la industria de salazón y el garum (salsa realizada con las vísceras de los peces, y que hoy se está recuperando con fines comerciales). En la segunda mitad del siglo un maremoto y las incursiones piratas les hizo perder importancia. Fue abandonada en el s. VII.

En el yacimiento se conservan los elementos más característicos de la ciudad romana: muralla, curía (senado local), foro (plaza pública), basílica judicial, templos (cuatro, tres dedicados a la triada capitolina, el cuarto a la diosa egipcia Isis), teatro (el mayor de los edificios de la ciudad),tiendas, mercados y las termas. Se abastecían de agua a través de acueductos (alguno bien conservado) y hay restos de alcantarillado.

Finalizada la visita nos dirigimos a Vejer de la Frontera, quizás uno de los pueblos más bonitos que visitamos. Con Luisa, realizamos una visita a los lugares más emblemáticos del pueblo entre los que destaca la figura de “La Cobijada”, mujer que, antiguamente en algunos pueblos de la provincia de Cádiz, se cubría parte del rostro con el manto, de color negro, y así la única parte visible de su cuerpo era uno de los ojos.

De Vejer nos vamos a Barbate, donde en el Restaurante El Mirador, pudimos degustar el famoso atún de la zona. Día de sol espléndido pero con muchísimo viento, lo que impidió aprovechar el poquísimo tiempo de que dispusimos.

De Barbate, viendo el faro de Trafalgar y los Caños de Meca (lugar donde se concentra el kitesurf), nos vamos a Conil donde realizamos una breve parada para visitarlo y tomarnos un café. De Conil a Puerto Sherry, que no estaba en el programa, pero recomendaciones y la buena disposición del conductor (supongo que luego se arrepentiría) lo hicieron posible. Nada en especial si no fuera por el tamaño de los yates pero, al fin y al cabo, un puerto deportivo más que se convierte en una ratonera si se quiere llegar en autobús.

DÍA 30

Abandonamos, definitivamente, el Puerto de Santa María y nos vamos a Sevilla, adonde llegamos a las 10,30 horas. Nos esperaba, en la Avda de América, la guía, Cristina, que nos iba a hacer pasar tres horas muy entretenidas, tanto por lo que nos enseñó y explico como por los muchos chascarrillos y comentarios que añadía en cada visita.

Comienza por explicarnos, muy por encima, que el Parque María Luisa fue construido en 1929, para una exposición universal, y tiene 30 ha. Había en él 70 pabellones, de los que sólo quedan 14, y posee una gran riqueza floral.

Descendemos delante de la Torre del Oro, y de ahí nos dirigimos a el Real Alcázar (palacio fortificado) mandado construir por Abd Al-Rahman III en el año 913, y que a lo largo de su historia tuvo muchas transformaciones para ir adaptándolo al gusto de cada época.

De aquí, a la Catedral de Santa María de la Sede, que es la catedral gótica con mayor superficie del mundo, cuya construcción se inició en 1409 en el lugar de la antigua Mezquita Mayor, de estilo almohade, de la cual conserva el Patio de los Naranjos y el Alminar (la famosa Giralda). Tiene, la catedral, 5 naves y 25 capillas, que contienen obras de célebres pintores españoles. En ella se encuentran los restos mortales de Cristóbal Colón, Pedro I el Cruel, Fernando III el Santo y su hijo Alfonso X el Sabio.

El Coro tiene 127 sitiales, de ébano y caoba, con los respaldos de marquetería donde se reproducen escenas del Antiguo Testamento y con representaciones grotescas en los brazos de las sillas y misericordias.

El Retablo Mayor, de estilo plateresco, es una impresionante obra, diseñada en 1482, por el escultor flamenco Pedro Dancart. Es considerado el mayor retablo de la cristiandad. Se hizo a lo largo de 80 años y se finalizó en 1564.

Saliendo de la catedral visitamos el Barrio de Santa Cruz, con trazado musulmán y arquitectura del s. XVIII.

Día 1

Vuelta a casa. Salida de Sevilla a las 8,00 horas con dirección Salamanca, donde hacemos parada para comer en el Hotel San Polo (antigua iglesia del s. XII) y sin un momento de respiro al autobús para llegar, con la puntualidad señalada por el conductor, a los diferentes destinos.

En resumen, un viaje agradable con un grupo estupendo y que , sin duda, se podría repetir, aunque hubiese garbanzos en el menú.

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